miércoles, 2 de noviembre de 2011

Comportamientos negativos en casa

Son muchos los padres que se sorprenden de lo bien que se portan sus hijos en clase y lo mal que lo hacen en casa. No comprenden el por qué de dicho cambio. ¿Qué les ocurre a los peques para que tengan esos comportamientos tan opuestos?
La influencia del entorno siempre marca las pautas de comportamiento del niño. El entorno familiar es el primer y más importante espacio para el desarrollo social del niño, es donde se le proporciona la base y seguridad que necesita el pequeño para explorar el mundo.
Cuando existen dificultades de comportamiento, falta de límites y normas, no implica que sea "culpa" de los padres o de un entorno desfavorable para el niño. Según Juan José Carballo (Psiquiatra infantil y de la adolescencia de la Fundación Hospital Jiménez Díaz de Madrid) Estas dificultades conductuales son uno de los motivos de consulta más frecuentes en las consultas de psiquiatría y psicología infantil, ya que en muchos casos requieren de un asesoramiento especializado para poder llevar a cabo medidas conductuales positivas.
Basándome en diferentes artículos y experiencias profesionales de docentes, he llegado a la conclusión de que los niños, entre 14 y 16 meses, comienzan a "probarnos", tanto a padres como personas cercanas a ellos. No todos toleran las respuestas negativas o las prohibiciones con positividad y obediencia. Intentar desafiar al adulto, patalear, negar, chillar... son algunos ejemplos que realizan los pequeños cuando no quieren aceptar algo. ¿Qué debemos hacer en esos casos?
En la escuela se marcan muchas pautas, normas y rutinas, todo ello ayuda a establecer mucha seguridad en el niño. Para ellos saber adelantar acontecimientos es muy positivo, les refuerza y les da autonomía.
Debemos confiar en el pequeño, dejarles que sean protagonistas y ayuden en las tareas sencillas, siempre les gusta que les den responsabilidades.
No debemos entrar en la dinámica de prestarles atención en sus pataletas. Mejor dejarles que se calmen y luego hacerles ver que deben acatar una norma por su bien. Cuando el niño consiga realizar esa orden debemos reforzarle con algo positivo para él (sin caer en el chantaje material, un simple abrazo, un aplauso, una pegatina o pintarle una carita contenta en la mano puede ser un refuerzo muy positivo)
El niño, a partir del primer año, es consciente de sus logros y sus limitaciones. Debemos recordarle cuáles son sus límites y sus obligaciones. Hablar mucho con él le ayudará en futuras rabietas, porque se va haciendo mayor y tenemos que hacerle ver que cuando crecemos debemos ser mucho más obedientes (porque somos mayores)
La forma con la que hablemos y tratemos al niño siempre es importante. Ante todo tranquilidad, normalidad, sin gritos, hablando con calma, serios y firmes. Él pequeño tiene que entender que debe obedecer a la primera, no debemos permitir que nos haga repetir muchas veces lo que queremos que haga, ni que vayamos detrás de él; En tal caso es mejor que dirijamos su atención hacia algo divertido o llamativo para él.
La aparición del lenguaje, disminuye las frustraciones, pataletas o rabietas; Ya que el niño se descargará hablando y no a través de respuestas físicas.
Cada niño es diferente, cada niño debe ser tratado individualmente, ya que todos tenemos necesidades, pero no siempre son las mismas.